miércoles, 20 de diciembre de 2017

Historia: La Decadencia del Imperio

El Imperio del Fuego vivió unos cuantos siglos de apogeo, en los que poco a poco la humanidad fue aceptando humildemente las cadenas, llegando al punto de no necesitarlas. La ignorancia y la natalidad controlada permitió que las leyes Imperiales se volvieran en algunos sentidos un poco más "laxa" respecto a los humanos. Algunos dragones burgueses enseñaban, instruían o delegaban responsabilidades mayores en sus esclavos humanos, llegando incluso a liberarlos y a remunerarles por sus servicios, sustituyendo poco a poco la esclavitud forzada por una clase obrera obediente y hasta agradecida; que a día de hoy se conoce como vulgo. Un populacho contento y servicial, mucho más dispuesto a servir a los dragones a cambio de dinero que gastar para poder comer y vivir; que por temor a los castigos o a la propia muerte.

Con esto a los humanos se les permitió viajar con escoltas, cazar en los terrenos del Imperio, tener sus propios rebaños y cultivos, especializarse en trabajos concretos, enseñar a sus aprendices; incluso a regentar negocios sencillos abalados por la burguesía dracónica. Todo ello a cambio del pago de impuestos o tributos en los templos. Así los dragones también pudieron delegar su autoridad y dedicar su tiempo a otros menesteres menos esforzados. Si bien la esclavitud sigue aún perdurando, para humanos y dragones; y son tan sólo unos pocos privilegiados los que pueden decir que poseen cierto control sobre sus vidas en ese respecto.

La sociedad del Imperio había tocado techo, al parecer. Pues esta estabilidad no logró durar demasiado.


Los Últimos Dragones: Año 251-310.

Durante la penúltima luna del datado año 250 d.D.; nació el último dragón del Imperio. A partir de entonces, por algún motivo que nadie se explica, los huevos de las dragonas dejaron de eclosionar, engendrando embriones muertos, o pequeños dragones que morían apenas minutos después de haber exhalado su primer aliento. Al principio se pensó que aquello podía deberse a algún tipo de enfermedad que estuviera afectando a las madres dragón, o que provocara que los padres más viejos resultaran ineficientes a la hora de fecundar los huevos. Con este motivo muchos dragones y dragonas fueron puestos en cuarentena, aislados durante años del resto de sus congéneres para evitar el "contagio". Pero no hizo falta demasiado tiempo para comprobar que aquella extraña esterilidad había afectado ya a toda la raza dracónica por igual, independientemente de su género o edad, de una forma sospechosamente repentina.

Muchos han sido los rumores del origen de la infertilidad dracónica, desde maldiciones a magia negra, pasando por algún tipo de venganza divina. Los dragones perdieron la moral y empezaron a sentirse perdidos y solos, comenzando a adoptar con más asiduidad su forma humanoide que su forma original, buscando consuelo en vidas rutinarias, sociales y más sencillas; volviéndose irónicamente cada vez más "humanos" en comportamiento, pensamiento y carácter. Algo que pareció verse precipitado por el hecho de que en su forma humanoide los dragones conectados a la Red Imperial podían mantener sus hilos de pensamiento profundo ocultos de las mentes de sus congéneres.

Ante aquella deprimente situación, la Reina trató de calmar los ánimos de sus vasallos, dracónicos y humanos, diciendo que aquello no era sino una prueba de fe, que debía aunar aún más a los dragones y fortalecerlos contra la adversidad, la cual terminaría pasando de largo. Sin embargo, seguramente la propia Reina debió también asustarse, pues desde aquel anuncio quedó abolida la pena de muerte para los dragones. Los humanos no corrieron tan buena suerte.

La Decadencia del Imperio: Año 311-350 d.D.

Con el motivo de la misteriosa infertilidad, y con el miedo de que alguna oscura hechicería o arma tecnológica hubiera sido utilizada en su contra sin que ellos lo supieran; fue creada la Inquisición. Un selecto grupo de dragones expertos en distintas materias, desde química y medicina a historiadores y soldados; dedicados a la búsqueda y captura de humanos (y dragones) sospechosos de herejía, de haber practicado cualquier tipo de magia o de haber intentado manipular, inventar o resucitar tecnología prohibida. Este órgano del gobierno no sólo se ganó una reputación infame de torturadores y elitistas, favorecidos por la mismísima Reina; sino que también lograron un puesto de peso en el Consejo Imperial. Pero ni siquiera interrogando, exiliando o esclavizando sospechosos, los dragones lograron encontrar respuestas a lo que parecía ser el fin de su raza.

Lo que sí descubrieron, sin embargo, fue la existencia de unas criaturas por cuyas venas corría sangre dracónica y humana por igual. Algo que nadie nunca se hubiera esperado, pues a pesar de que los dragones podían adoptar forma humana y utilizar esclavos sexuales humanos, la mezcla de especies nunca se había dado hasta el momento. Ni siquiera en la Era Antigua se había conocido un caso así. Estas nuevas criaturas fueron llamados híbridos, engendrados por madres humanas que habían sido inexplicablemente fecundadas por un padre dragón. Si estos "milagros" resultaron accidentales o no, careció de importancia de cara a la sociedad dracónica, que los tachó de aberraciones de la naturaleza y un tremendo insulto a la raza de los dragones, suponiendo la pena mayor para el híbrido y su madre, y el exilio o la esclavitud para el dragón progenitor. Incluso los ciudadanos humanos del Imperio los vieron como monstruos peligrosos a los que había que delatar si no querían meterse en problemas con las autoridades.

Las investigaciones de la Inquisición con los híbridos que no ejecutaban en el momento fueron crueles y retorcidas, y si bien mayormente parecían tener un fin más torturador que académico; lograron sacar en claro un dato interesante: los híbridos más antiguos que habían logrado encontrar habían nacido durante el año 251 d.D. Justo al año siguiente de la infertilidad dracónica. ¿Casualidad?
También se percataron del alarmante número de híbridos que habían nacido en los últimos cincuenta años, que superaba con creces el esperado, aunque siguieran suponiendo una minoría. Pero una minoría oculta que se les escapaba, después de todo.

El pueblo, lejos de sentirse tranquilo o respaldado por la Inquisición o por la posibilidad de que la raza humana fuera en sí misma la única opción de que los dragones no afrontaran la extinción; tomó actitudes nerviosas y muy extremas. La inmensa mayoría se aferró al sistema, no queriendo perder la cómoda posición obediente que habían aprendido de sus antecesores, ni las pequeñas libertades sociales y económicas que tanto les había costado conseguir.

Contra este movimiento surgió un grupo de insurgentes humanos que unió sus fuerzas para aprovechar el momento de debilidad de los dragones y alzarse contra ellos para acabar con su tiranía. Este colectivo adoptó una ideología extremista contra el Imperio y la raza dracónica en general, y se esforzó por recuperar y recordar el antiguo esplendor humano para reforzar sus convicciones; y para utilizarlo como propaganda para la captación de nuevos integrantes de la autodenominada Resistencia. Ante la rápida respuesta opresora de las fuerzas armadas Imperiales y de la Inquisición, los miembros de esta organización empezaron a adoptar medidas cada vez más agresivas y contundentes, por lo que pronto se ganaron la etiqueta de terroristas y enemigos del estado. Aún a día de hoy siguen siendo una espina clavada en el costado del Consejo Imperial, que boicotea sus celebraciones, asalta sus caravanas, resucita o rescata conocimientos prohibidos, y gana día tras día cada vez más popularidad entre el vulgo... Y entre algún que otro dragón.

La revolución había comenzado, y ha ido ganando fuerza hasta el día de hoy.

Actualidad: Año 351 d.D.

La utópica realidad soñada por la Reina Madre poco a poco se ha ido yendo al traste. Ni sus más astutas mentiras logran ya cegar a nadie ante la realidad. Los humanos se revelan, se exilian y matan dragones con todos los medios a su alcance. Su especie empatiza y se mezcla con "la raza inferior", mientras que la suya permanece estéril y avocada a la desaparición. Su gobierno se corrompe con intrigas e inquinas, su economía empieza a depender más de los humanos que de los propios dragones, y entre las filas de su ejército, cada vez con más frecuencia, siempre hay algún que otro desertor.

Esta es la historia que hoy te tengo que contar. La misma que le contarás a tus amigos, a tus hijos, a los amigos de tus hijos, y a los nietos de todos ellos. La verdad que ha pasado de boca en boca, de generación en generación, sacada de viejos recuerdos, textos prohibidos y libros dracónicos maquillados con mentiras. Sólo los que pertenecemos a la Resistencia recordamos. Sólo nosotros conocemos la verdad, y es nuestro deber mostrársela a quienes podamos y quienes quieran escucharla.

En el Imperio del Fuego la esperanza late en el corazón de la raza humana. Aunque los dragones sigan ocupando las posiciones de poder, la humanidad está infectando sus corazones y les está haciendo ver que su Reina les ha estado manipulando con una red de mentiras. Aunque ella no quiera verlo, somos los humanos la única esperanza de supervivencia de toda su raza. Aunque ella intente evitarlo, aunque intente destruirnos una vez más, nosotros seguiremos recordando.

La pregunta ahora es... ¿qué verdad prefieres recordar tú?

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